El siguiente artículo fue escrito para una asignatura llamada “Argumentación en Movimiento: Estrategia para la minimización de conflictos”. La idea era seleccionar un tema del cual no tuviéramos una posición favorable y argumentar en pro del mismo. Creo que lo logré. Espero que los disfruten.
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¿Cuántas veces nos hemos preguntado si realmente necesitamos someternos a alguna operación de carácter estético para sentirnos mejor con nosotros mismos?
Es normal que una chica piense que -en una época donde la mediatización influye en nuestros estilos de vida y hábitos de consumo- aquella mujer rubia, exitosa, tetona y chic que sale en Cosmopolitan deba ser ella: para poder tener un trabajo bien remunerado, una vida llena de ostentaciones y ser acompañada por un hombre apuesto que tenga un auto, un traje y un reloj de lujos. Aunque el fin último sea ser feliz.
En uno de sus desarrollos teóricos, McLuhan afirmó que el ser humano modificaba al medio, y consecuentemente éste modificaría nuestro entorno. “El mensaje es el medio”, fue lo que dijo.
¿No es acaso lo que sucede ahora? En la búsqueda de la perfección estética audiovisual, y más allá del maquillaje, las luces, la dirección de arte y la producción perfecta, la industria cultural está validando la fábrica de mujeres siliconadas; tal como en Asia la sociedad exige que la belleza se lleve en unos pies pequeños o, en el caso de África, necesites ser lo más negra posible para resultar atractiva.
Con los asiáticos, ya sabemos. La cultura de los pie-bonsái es ajustada a zapatos diminutos, en los que la mujer sufre posteriores traumas óseos, todo en nombre de la beldad. En África, ahí sí que no hay mucho que hacer. En todo caso se puede ser más blanco, pero no más negro. Sino que lo diga Michael Jackson.
¿Se operan las tetas las mujeres para sentirse mejor con ellas mismas?
Las razones para tener tetas más grandes varían. Pero como los tatuajes, ninguna resulta ser muy válida si no se ha alcanzado la madurez suficiente para tomar este tipo de decisiones. Lo importante es saber que un busto mayor, si bien puede generar una serie de beneficios como mayor atractividad para el sexo opuesto, no implica necesariamente un estado de felicidad permanente, o trabajo garantizado, solo por poner algunos ejemplos.
La sociedad de consumo está determinando nuestras nociones sobre la belleza, prevaleciendo los conceptos estéticos sobre los preceptos éticos y morales. De esta forma las mujeres pueden adecuarse a ese “mundo perfecto” que ven en los medios. Sin que ese paso estético signifique algo más.
De ahí que exista un cambio en el paradigma de la belleza, donde dos visiones se abren camino: Una moralista, calificada por algunos como “intensa”, y a veces disfrazada de naturalista, que juzga a la atrevida mujer como una persona superficial; y otra liberal, que da por sentado lo absurdo que es no usar los avances quirúrgicos en pro de la belleza y la juventud eterna que nos venden los medios.
La visión moralista pretende que Pamela Anderson sea un mal ejemplo para la juventud porque hace videos pornos caseros con su esposo, y las misses sean tontas porque responden incoherentemente en concursos de belleza. Así, los “anticuados” pueden generalizar a las chicas que toman la decisión de pertenecer al mundo perfecto al que aspiran.
Por otro lado, la corriente liberal acepta que para estar en contexto con el mundo que nos presentan los medios usemos la perfección estética, para permitirnos pensar que con esto podremos alcanzar otro tipo de objetivos en otros campos de la vida: atractividad, reconocimiento, autoestima, etc.
¿No son las personas exitosas aquellas confiadas en sí mismas? ¿Conscientes de sus debilidades y fortalezas?
Una mujer que conozca la fortaleza que implica tener unos sostenes iguales o mayores a 34B en el actual mundo moderno, puede tomar la decisión y aumentar su autoestima, al mismo tiempo que garantiza un buen paisaje a los hombres que le rodean. Y repito: sin que esto signifique algo más.
Por su lado las mujeres han visto cómo la demanda hace cada día más asequible la intervención predilecta, habiendo una evidente explosión de tetas por donde quiera que posemos los hombres nuestras débiles miradas.
Después de todo, no está mal comprar un poco de confianza.
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Actualización: Parafraseando a Penn & Teller: Con las tetas operadas, las mujeres buscan llenar un vacío en sus vidas. Piensan que los hombres las van a queres más, pero no es así, van a querer más sus tetas.
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