Update #1

Este post va para todos los que me conocen. Que saben que hace unos meses atrás emprendí una aventura cuyo final aún desconocemos. Muchos me preguntan de vez en cuando qué es de mi vida, qué estoy haciendo y básicamente cuál es mi situación actual.

En los próximos días estaré publicando las etapas que me ha tocado atravesar en todo este proceso de la emigración “instintiva”, como la llamo yo.

Estos posts son para actualizarlos y contarles -detalles más, detalles menos- qué ha sido de mi vida desde aquél 8 de septiembre que salí de Caracas, con destino incierto, pero probable.


Parte I

Lo primero que tienen que saber es que cuando el gocho me llevó al aeropuerto, decidí en Maiquetía que quería cargar con sólo una maleta, razón por la cual le dejé la otra para que se la llevara a su casa y la resguadara junto con mis otros bienes (cd’s, libros, fotos, y recuerdos en general) que espero buscar en algún momento entre este y el próximo año.

Cuando llegúe a la primera parada de mi viaje, que era Nueva York, me dí cuenta de que en la maleta que dejaba con mi amigo de los andes estaban todos mis otros zapatos. Es decir, yo sólo tenía un par de zapatos. Los que tenía puestos. Atrás quedaron las Adidas que había comprado en Buenos Aires (y que ya tienen nuevo dueño), mis Puma amarillas y mis zapatos elegantes para las bodas. Yo sólo cargaba mis asquerosas Nike para correr con la suela suelta y haciendo ruido a cada paso que daba.

En Nueva York me recibieron Andrea y Alanna. Para quienes no conocen a Alanna, ella estudió cine con Gustavo en Praga. La conocí porque Gustavo la llevó a Venezuela para que tuviera su work experience tercer mundista junto al primer mundista equipo de La Pandilla. En nuestro viaje al pueblo donde rodaron Libre (cuyo nombre no recuerdo) recuerdo haber soñado en voz alta con conocer la “Gran Manzana” y haber prometido que nos veríamos unos meses más tarde en NY. Con Andrea habíamos alimentado el sueño de caminar juntos por la city that never sleeps, y comer pizzas en el Grimaldi de los mafiosos italianos de Brooklyn.

Alanna me consiguió un apartamento en Manhattan con su Landlord argentino -solidario con las economías de escasez como las nuestras-, convenientemente ubicado sobre su apartamento, donde pagaría tan solo 50 dólares la noche, dos de las cuales compartiría con Andrea. Al lado de Union Square eso es sencillamente un milagro. En fin que todo se dió como debía darse.

La primera noche en NY fue increíble. Estuvimos en la fiesta más nerd que pudiera existir ese día. Era peor que la peor noche que pudiera haber en Elmo Bar. Una fiesta de una organización sin fines de lucro llamada “The Organization” (cuyos fines no estaban del todo claros), donde los gringos se vestían como en la “prom” y regalaban cervezas calientes y vodka solo. Había además m&m’s repartidos por todo el lugar, a lo que concluí que los gringos toman alcohol comiendo dulce para rascarse más rápido. Andrea y yo estuvimos riéndonos toda la noche del evento.

Al día siguiente desayunamos en el patio del flat de Alanna junto a su amiga alemana que había coincidido con mi llegada. El muesli rodó por la mesa junto a frutas jugosas, leche fresca y pan recién horneado. El desayuno fue un éxito. El sol era un éxito. El clima era un éxito. La compañía era un éxito. Luego paseamos y vimos todo lo que hay que ver en NY, o al menos lo que se podía ver en un día.

A varios días de llegar a la “capital del mundo” cayó un aguacero que pareciera que la gente estuviera arrechísima echando tobos de agua desde los rascacielos. Los paraguas de la gente caían vencidos por las ráfagas de viento. Compré un paragua a un vendedor ambulante por 5 dólares. Y mis zapatos de correr no sirvieron para nada. Me mojé los pies. Y el paragua tampoco. Me mojé mucho. En ese momento decidí que si iba a pasar un invierno jodido, al menos tendría que comprar alguna indumentaria. El final de verano estaba llamando las primeras lluvias de otoño y fue cuando me percaté que mi plan de andar con una sola maleta por el mundo, era un no-no de neones agigantados.

Andrea ya me había dicho que en Philadelphia no habían impuestos para la ropa. Así que la visité con la excusa de comprar ropa para ver cómo vivía, dónde dormía, cómo nos emborracharíamos, quiénes eran sus amigos, y qué cosas interesantes podría ofrecer la tierra de Rocky Balboa. Afortunadamente tenía a Andrea, porque Philadelphia es un sitio muy aburrido y ella es muy divertida. Apenas pudimos medio emborracharnos y nuestro plan de ser adolescentes se vio frutrado por las leyes puritanas de nuestros amigos del Imperio.

De Philadelphia salí con una maleta adicional, zapatos nuevos -una ganga-, camisas, jeanes que no tenía, etc. Todo gracias, en gran parte, a Andrea, que me empujó a comprar resguardo para el invierno y para el fazchon. Debo confesar que no estoy hecho para gastar dinero, y que siento una gran culpa cada vez que incurro en gastos que el 99% de las veces pienso que son innecesarios (o sea, quien necesita 3 pares de zapatos? por dios! es absurdo!).

Llegué de nuevo a NY para terminar de ver lo que me faltaba ver, despedirme de Alanna que por aquellos días estaba muy ocupada con su Universidad, pagar mi deuda por el hospedaje y tomar mi vuelo a Londres.

Tengo que acotar que en NY por primera vez consulté un tarot. Era el tarot de Enrinque Enríquez. Según las cartas de Marsella estaba siguiendo a mi instinto y alimentando mi corazón con aprendizajes. Y que tendría pronto la imperiosa necesidad de estudiar algo relacionado con contar historias (cosa que creo que ya estudié). Creo que mi unica preocupación-pregunta en aquel momento era si me iba a alcanzar el dinero, si iba a pelar bolas a mitad del viaje, etc. Aún me preocupo un poco con eso. Pero el tarot dijo que no me preocupara con eso.

En fin, ahora con dos maletas no podía usar mi metrocard, y tenia que pagarle 30$ a un servicio de shuttle hasta el aeropuerto JFK. Durante el trayecto, mientras los pasajeros hacíamos apuestas mentales de si el chofer iría o no a atropellar a aquél viejito en silla de ruedas eléctrica que atravesaba la calle, siempre más inclinados por la segunda opción, omitimos hacerle la advertencia al conductor del coche. Lo cual retrasó un poco nuestra llegada al aeropuerto. Afortunadamente el chofer sólo se llevo consigo unos cuantos “hell you”, “mother fucker”, “fuck you” y “asshole” para su casa de parte de todos los testigos del inoportuno instante. Claro que se descargó con nosotros, por no haberle avisado.

ground zeroConfieso que lo que más me había gustado de esa parte del viaje era que comer en NY no era más caro que comer en Caracas (y en muchos casos era una mejor calidad). Y lo barato de todo… en general. El tibetano fue mi plato favorito. Muy cerca de Union Square…quisiera saber dónde. Lo segunda cosa que me gustó fue sentirme permanentemente en una película. Y la tercera cosa que me gustó es saber que puedo volver siempre que quiera y volveré a alucinar como el primer día.

Al entrar al avión de American con destino al aeropuerto de Heathrow noté que algo pasaba con mis oídos. Básicamente no entendía el inglés de esta otra gente. Nada me parecía familiar. Hablaban de una reina, de una moneda llamada pounds, de una comida distinta, y de varios paises que a pesar de parecerse, no se parecían.

(continuará…)

Comments
Comment from Antonio Núñez Aldazoro - March 5, 2008 at 11:14 am

Flavio,
Me gustó tu crónica personal. Avísame las nuevas entregas…

Comment from tutu - March 5, 2008 at 12:10 pm

Fla está genial… insisto, ahora no puede simplemente darte flojera escribir…
Un abrazo!!
tutu***
PD: Lo de la maleta y los zapatos fue muy bueno!!!

Comment from Angie - March 5, 2008 at 12:51 pm

Que buena aventura!! Ya me dieron ganas de ir a Philadelphia.
Saludos!

Pingback from Update #2 - March 6, 2008 at 7:25 am

[...] (continuación del update #1) [...]

Comment from Flavio - March 6, 2008 at 7:27 am

Antonio-amigo!, gracias por pasar por aqui y leerme! ya viene la segunda entrega.

Tutu. Gracias!

Angie. La verdad, Lima no tiene nada que envidiarle! (te he dicho que amo tu pais?)

Comment from fedz - March 7, 2008 at 10:02 pm

Chamo, excelente!! JajajAja! Me gusta mucho la forma ligera de reseñar un viaje que comienza tu vida fuera de Caracas y que en definitiva es el abreboca de muchas experiencias enriquecedoras para ti y de maravillosas entregas para el deleite de nosotros. Enhorabuena!! Un abrazo.